Habéis oído la frase de “lo barato sale caro”, pues tiene toda la razón. Es una filosofía de vida que se puede aplicar a casi cualquier cosa. En este caso vamos a tomar el ejemplo de los tornillos inoxidables. Unos tornillos que cuentan con una característica particular, que no se oxidan, y que por tanto poseen ese valor diferencial que los destacan sobre el resto de artículos de similares características.

La calidad es un punto diferenciador, sí, y lo es para bien. Lo que pasa es que también hay que tener en cuenta que la calidad tiene un precio, que en la mayoría es algo superior si se compara con otros artículos homónimos pero de menos calidad. Pero, ¿merece la pena hacer este gasto?

Por qué deberías comprar tornillos inoxidables antes que normales

Esta es una comparación hecha muy a la ligera, pero que me sirve de idea sobre la que sostener mi propuesta. Ante dos artículos, de propiedades muy semejantes, pero que una destaca en valor y calidad algo más que la otra, ¿cuál elegirías? Teniendo en cuenta que valen lo mismo. En ese caso todos lo tenemos claro.

Ahora bien, es cuando la comparativa de precios entra en juego cuando llegan las dudas. Pero es en estos casos cuando llega el error. Caemos en el fallo de coger el producto únicamente por su precio y no por las prestaciones que nos puede dar, ya sea en el momento, o a lo largo de un periodo distante.

Está claro que uno no puede delimitar la vida útil de un producto ni saber hasta qué punto va a rendir a la perfección. Pero sabemos que los diseños, la forma de fabricación de tornillos inoxidables, en este caso, o lo que queráis poner de ejemplo, es un signo de confianza y ayuda a saber que responderá mejor ante las adversidades (clima, tiempo, presión, fuerza…).

Estas son las características que más hay que valorar y tener en cuenta antes de tomar una decisión. Sobre todo si son productos sobre los que recae un gran peso (literalmente y metafóricamente) donde la calidad debe prevalecer ante un precio más barato.